Llevar al bebé a la piscina, consejos prácticos
Las clases de natación desde que el bebé tiene pocos meses de vida, son una práctica común entre muchas familias. Aunque pueda parecer una nueva moda, si buscamos en la literatura, observamos que la práctica de actividades acuáticas para niños pequeños parece ser una práctica ancestral, con informes que se remontan al siglo XIX.
El desarrollo motor es esencial en los primeros 1.000 días de vida. Durante este periodo el niño capta, aprende y explora con la nueva información que el entorno le brinda.
Piscina y bebés, un mundo mágico
Beneficios de la natación para bebés
Consejos para ir a piscina con el bebé
Dicho todo esto, y viendo que esto de llevar a los bebés a la piscina no es "simplemente una moda’’, sino una práctica con un recorrido ancestral y con numerosos beneficios tanto para bebés como para cuidadores (padre/madre/etc.), voy a exponer diferentes consejos prácticos que os pueden ser útiles si os decidís a ir con vuestro peque a la piscina:
- Asegúrate de que la piscina a la que vas a ir mantiene el agua entre 31 y 34ºC. Ya que los peques tienden a enfriarse más rápido que los adultos y puede que una experiencia que debía ser buena, acabe siendo bastante desagradable para el bebé por pasar frío. Te ofrecemos unos consejos por si aparecen mocos en tu bebé.
- Aunque hemos dicho que un estudio expuso que los niños que van a la piscina no tienen mayor riesgo de desarrollar infecciones de las vías respiratorias, para que esto sea así, hay que asegurarse que la temperatura ambiente del recinto de la piscina se sitúa aproximadamente unos 2º C por encima de la temperatura del agua. De no ser así, entonces el peque sí que podría tener más riesgo de desarrollar infecciones respiratorias o resfriados.
- Cuando os metáis en la piscina, situaros en la profundidad que a ti te permita mantenerte de pie cómodamente agarrando bien al niño.
- Si el peque aún no controla esfínteres, ponle siempre pañales desechables. La relajación del agua y el aumento del movimiento, pueden favorecer los escapes. Por lo que no es aconsejable, por higiene, meter a un niño en el agua sin un pañal desechable.
- Aunque, tanto las piscinas de cloro como las piscinas de sal, son aptas para bebés y niños, la cloración salina es la mejor alternativa. Es la más respetuosa con la piel, por lo que este dato es especialmente importante si se trata de un niño con piel sensible o atópica.
- Siempre, tras el baño en una piscina, ducharemos al niño con agua y jabón para retirar los restos de cloro o sal que le queden por la piel (y esta recomendación va dirigida a todos los peques, no solo a los que tienen la piel sensible o atópica). Te recomendamos que utilices un gel champú para bebés, respetuoso con la piel sensible.
- Si tu peque tiene la piel atópica, puedes llevarlo a la piscina sin problema, pero después de la ducha ‘’post-piscina’’, siempre será necesario hidratar la piel con una crema hidratante adecuada.
- Si el peque camina, es esencial que lleve chancletas. Ya que, al igual que pasa con los adultos, los suelos húmedos de las piscinas pueden ser un potente vector de transmisión de infecciones (como por ejemplo el molusco contagioso en niños, o las verrugas plantares).
- Aunque la evidencia ha demostrado que un niño pequeño no tendrá más riesgo de sufrir otitis internas por ir a la piscina, sí que podría tener más riesgo de padecer otitis externas (o comúnmente llamadas ‘’otitis del nadador’’). Así que si tu peque empieza a ser propenso o ya lo era antes de empezar a ir a la piscina, se recomienda el uso de tapones (idealmente hechos a medida) y secar bien los oídos después del baño con la toalla (con toques suaves) o con el secador a mínima potencia.






